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Resiliencia emocional: desmitificando el “aguantarlo todo”

Resiliencia emocional: desmitificando el “aguantarlo todo”

En los últimos años, en el tema de manejo de emociones, la resiliencia emocional se ha convertido en un término muy popular en redes sociales: discursos motivacionales, libros de autoayuda e incluso en el discurso coloquial con amistades y familiares. Frecuentemente se asocia a la capacidad de “ser fuerte”, “no quebrarse” o de “superar sin quejarse”. Sin embargo, la simplificación del término puede llegar a ser dañino, ya que coloca sobre las personas una gran carga emocional poco realista y que invalida su sentir.  

Hablar de resiliencia no implica exigir una fortaleza emocional permanente ni negar el dolor por el que se está atravesando. Por el contrario, implica reconocer y comprender los procesos emocionales desde una visión más humana, flexible, de aceptación emocional y de autocompasión.  

Actualmente existe el mito de la resiliencia como un “aguante absoluto”, en el que se asume que la persona resiliente es aquella que soporta cualquier situación y es capaz de superar dificultades sin afectarse emocionalmente. Esta idea es un reforzador de mensajes como “no llores”, “se fuerte”, “todo pasa por algo” o “dale tiempo al tiempo”, que, aunque pueden ser bien intencionados, suelen invalidar el malestar emocional y afectan el desarrollo personal.  

Ser resiliente no implica resistir de manera indefinida o minimizar el sufrimiento, más bien, con inteligencia emocional, reconocer el malestar y brindar un espacio legítimo de atención.  

La resiliencia no es negar las emociones, sentir tristeza, enojo, miedo o frustración ante situaciones difíciles, ni es sinónimo de debilidad, es más bien una respuesta natural del ser humano. La verdadera resiliencia emocional permite sentir, identificar aquello que duele y buscar recursos para poder afrontarlo. La negación de las emociones puede provocar desgaste psicológico, ansiedad, depresión e incluso somatizaciones.  

Sin embargo, hoy en día existe una presión social constante por “superar todo” y mantener al mismo tiempo un equilibrio emocional, promoviendo así la idea de que las personas deben salir fortalecidas de cada experiencia dolorosa o traumática. Esta narrativa puede llegar a generar culpa cuando una persona no logra “superar” una pérdida, ruptura o algún conflicto en el tiempo socialmente esperado.

Atendiendo a que cada persona es diferente y que cada proceso emocional es único y no sigue una línea recta, la resiliencia también es la búsqueda de ayuda, poner límites y aceptar que la inmediatez emocional no existe.  

Desde una perspectiva psicológica, la resiliencia se entiende entonces como un proceso de crecimiento personal que incluye adaptación, aprendizaje y autocuidado. No se trata de hacer todo solo, si no de buscar redes de apoyo, recursos internos y de ser necesario ayuda profesional.  

Desmitificar la resiliencia emocional es un paso fundamental para promover una salud mental más realista y autocompasiva. No todas las heridas emocionales nos dejan un aprendizaje o enseñanza inmediata y tampoco todas las personas tienen que ser fuertes todo el tiempo. Implica aceptar la vulnerabilidad, reconocer los limites personales y validar las emociones. Entenderlo así nos permite tener una relación más sana con nosotros mismos y con las demás personas.  

La resiliencia no es aguantarlo todo, es más bien, saber cuándo descansar, detenerse y cuidar de uno mismo. Si te identifica con esta situación o deseas aprender más sobre cómo cuidar tu salud mental y lograr un equilibrio emocional, puedes acudir a terapia presencial en los consultorios de SIMIAPSE, disponibles en diversos estados de la República. Para más información, envía un mensaje de WhatsApp al 5625607503.  


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