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Ponemos a su disposición información de interés que le ayudará a saber más acerca de enfermedades y acciones relacionadas a cuidar su salud y la de su familia.

¿Qué alimentos nos ayudan para que no progrese el alzhéimer?

¿Qué alimentos nos ayudan para que no progrese el alzhéimer?

La enfermedad de Alzheimer en sus etapas iniciales suele manifestarse con una leve pérdida de memoria, afecta particularmente las áreas del cerebro responsables del pensamiento, el lenguaje y la conducta.

Se estima que, en el mundo, más de 57 millones de personas viven con alguna forma de demencia (pérdida de memoria progresiva). Afecta principalmente a adultos mayores de 65 años. No se sabe la causa exacta, ni se tiene una cura, por ello se deben valorar los hábitos y conductas sobre los cuales se puede mejorar para prevenirlo, entre los que destacan:

  • Actividad física regular
  • Estimulación cerebral mediante la lectura y nuevos aprendizajes
  • Calidad y rutina del sueño (dormir entre 6 – 8 h)
  • Fomentar las relaciones sociales
  • Manejo del estrés
  • Hábitos alimentarios saludables

¿Cómo influye la alimentación en pacientes con alzhéimer?

Los malos hábitos alimentarios son un factor importante para la pérdida de la memoria, un ejemplo podría ser la dieta occidental, caracterizada por ser rica en azúcares refinados (pastelería, jugos, refrescos), grasas saturadas (mantequilla, salchichas, jamón, tocino) y alimentos ultraprocesados (comida rápida como hamburguesas, pizzas, nuggets de pollo, galletas, natillas, flanes, entre otros).

Aprender a identificar los alimentos para prevenir el alzhéimer es el primer paso hacia la construcción de una función cerebral adecuada que puede ayudar a prevenir y evitar el progreso rápido de este padecimiento.

Los alimentos que ayudan a mejorar la memoria son aquellos que contienen nutrientes con un impacto positivo en la salud cerebral.

  • Ácidos grasos omega-3 (DHA/EPA): es un tipo de grasa saludable que necesitamos para fortalecer la estructura cerebral, también ayuda a tener el corazón sano. Se encuentran en pescados de aguas frías como el salmón, las sardinas y atún, además de fuentes vegetales como las semillas de chía y linaza.
  • Antioxidantes y polifenoles: importantes para prevenir y retrasar el daño celular. Destacan los frutos rojos (fresas, frambuesas, arándanos), el té verde, el aceite de oliva, frutas como la manzana, uvas, naranja, toronja, y el cacao puro.
  • Vitaminas del complejo B (B6, B9 y B12): vitales para el correcto funcionamiento y desarrollo cerebral.  El ácido fólico (B9) abunda en espinacas y leguminosas; la B12 en huevos y carnes magras (sin grasa), y la B6 en el aguacate

¿Qué es bueno para que no progrese el alzhéimer?

Una vez establecido el diagnóstico o ante un riesgo elevado, la intervención médica y nutricional es importante para recibir la atención adecuada en cada paciente. En cuanto a la alimentación, el tratamiento se puede enfocar principalmente hacia tres estrategias nutricionales:

  1. Dieta mediterránea: se enfoca en reducir la inflamación, mediante el uso predominante de aceite de oliva, consumo regular y abundante de leguminosas (frijol, lentejas, habas), cereales integrales (avena, arroz integral, quinoa), frutas, verduras, además de fomentar un alto consumo de pescados (ricos en ácidos grasos esenciales) y aves, así como la ingesta muy baja de carnes rojas, lácteos enteros y azúcares refinados.
  2. Dieta MIND: es una combinación de la dieta mediterránea y la DASH, diseñada específicamente para la salud cerebral, prioriza vegetales de hoja verde, pescados, frutos rojos y aceite de oliva; además, limitar el consumo de quesos, carnes rojas y azúcares. Ha demostrado reducir el riesgo de efectos adversos hasta en un 53 %, retrasar el envejecimiento biológico del cerebro y mejorar el estado de ánimo y la energía en los pacientes.
  3. Dieta cetogénica modificada: ayuda a mejorar el funcionamiento cerebral; sin embargo, al ser una dieta más restrictiva, es importante que se siga bajo supervisión profesional. No es recomendada para pacientes con diabetes tipo 1, insuficiencia renal, hepática o cardiaca.

En conclusión, la relación entre la enfermedad de Alzheimer y la alimentación es estrecha, por un lado, una mala nutrición aumenta la vulnerabilidad del cerebro y permite el rápido avance de la enfermedad, por el otro, el progreso de la propia enfermedad genera dificultades para alimentarse adecuadamente (como pérdida de apetito, olvido de las comidas o dificultad para tragar), porque agrava aún más la salud del paciente. Por ello, ante este diagnóstico, se deberán establecer estrategias para que la alimentación no se descuide y se ponga como foco básico del tratamiento. Se sugiere recibir educación alimentaria para pacientes y cuidadores.

Si deseas conocer más sobre los cuidados alimenticios, llama al 800-911-66-66, opción 4, donde nutriólogos están a tus órdenes de lunes a viernes de 9:00 a 20:00 y sábados de 9:00 a 19:00. De igual manera, pueden darte la ubicación del consultorio nutricional más cercano a tu domicilio.  

 

 

 

 


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